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Unos días en casa de su tía - 2 | maduro.y.apasionado.relatos.xxx



Unos días en casa de su tía - 2
Autor: King Crimson, español
30 min. Los dos primeros días de su estancia pasaron con pocas cosas que reseñar. Antonio se fue habituando a la casa y al pueblo, a las gentes de los coches y del autobús que poco a poco iban llenando de vida el lugar. Se reencontró con amigos de la infancia a los que hacía mucho no veía. Con alguna muchacha conversaciones cortas en la plaza y con los chicos alguna partida en el café tras la siesta. En casa paraba poco pues las mañanas las aprovechaba para caminar por los alrededores y recordar tiempos pasados. Por las tardes, la siesta después de comer y luego daba una vuelta callejeando y saludando a alguien de tanto en tanto. A partir del tercer día las cosas empezaron a cambiar en la casa.

Como paraba poco en casa, tía y sobrino coincidían básicamente a las horas de las comidas y por la noche después de la cena. En las comidas solían hablar de cosas banales y sin importancia, ninguno de los dos sabía de qué hablar con el otro. Viuda hacía tres largos años, el joven no había asistido por motivo de exámenes al entierro de su tío. Desde la muerte de su difunto, la tía Paula no había querido entablar una nueva relación aunque se veía de vez en cuando con un hombre de uno de los pueblos cercanos, además de con Mario, el panadero del pueblo y viudo a temprana edad como ella. Ello servía a la mujer para disfrutar de algún momento de solaz en la vida monótona que llevaba.

Todavía bella y de cutis terso y limpio, en el rostro destacaban sus grandes, hermosos y expresivos ojos color café oscuro, junto a la nariz pequeña y perfilada y una dentadura de dientes menudos y todavía en buen estado. Los labios suaves y carnosos llamaban la atención de los hombres con los que se cruzaba. En definitiva, aún resultaba interesante pese al poco cuidado que mostraba en el arreglo.

Solos los dos en aquella enorme casa y motivado por la novedad que su presencia representaba, la madura mujer empezó a fijarse más y más en su sobrino. Discreta como lo era, la tía Paula nada dijo pero el joven muchacho no tardó en comprender el mucho interés que su fisonomía ejercía en ella. La experta hembra supo llevarlo a su terreno.

La mañana de aquel lunes entró al dormitorio de forma inocente encontrando el cuarto en penumbra, iluminado tan solo por la poca luz de la mañana introduciéndose por los resquicios abiertos de la persiana. Lo que vio la hizo casi gritar. En la cama, sobre las sábanas revueltas de la noche pasada, se encontraba el muchacho destapado y cubierto solo por la pequeña prenda interior. La imagen fue demasiado para la solitaria mujer y no pudo evitar un ramalazo correrle el cuerpo viendo la figura viril y poderosa de su sobrino, durmiendo plácidamente y ajeno por completo a su presencia. La noche anterior Toni había salido hasta tarde, volviendo de madrugada y acostándose con su tía ya dormida en la habitación. No quiso hacer ruido, recreándose en el bello macho que se le ofrecía a la vista. Los oscuros y expertos ojos de la hembra recorrieron el cuerpo del muchacho, saboreándolo en su totalidad mientras se relamía los labios sin poder evitarlo. Antonio era ya todo un hombre, no el adolescente que conoció la última vez que visitó el pueblo. A sus veintitantos años e hijo del hermano de su esposo, era alto y apuesto como su padre. Un tentador bulto, aún en reposo, podía verse bajo la prenda que lo cubría.

Fuerte y poderoso, Toni era el vivo retrato de Luis, el padre del joven y con el que, hacía largo tiempo, había tenido un escarceo. Algo rápido y que no había dejado huella en ninguno de ellos. Sin embargo, viejos recuerdos vinieron a la mente de la mujer. Tiempos de aquella noche en la que hicieron al amor en el establo. De joven había tenido tras ella todos los hombres que quiso hasta que acabó casándose; hermosa como lo era había sido una de las mujeres más deseadas del pueblo. Algo olvidado como tenía aquel episodio, la imagen del cuerpo desnudo de su joven sobrino hizo que el lejano recuerdo viniera a su cabeza. Notó las bragas mojarse bajo la falda que llevaba aquella mañana.

De forma sigilosa tomó asiento en la cama junto a él. Mirándole embelesada inspeccionó centímetro a centímetro la masculina anatomía. Las manos grandes y bien cuidadas, el torso velludo, el vientre liso y prácticamente sin grasa, los muslos fuertes y también velludos. Toni se removió entre las sábanas haciendo asustar a la mujer, al parecer soñaba con algo que le inquietaba. Un fuerte ruido del exterior le despertó, encontrándose acompañado de su tía lo que le hizo casi gritar de la sorpresa.

¿Qué haces aquí? –exclamó buscando con urgencia la ropa de cama para tapar su desnudez.

Sssshh –chistó ella haciéndole callar al poner sus dedos sobre los labios del joven.

Con la mano apoyada en el recio muslo y llevando la otra al velludo pecho, le hizo tumbar mientras se echaba sobre él acercándose de forma realmente peligrosa.

¿Pero tía, qué haces? ¿te has vuelto loca? –preguntó protestando.

Sssshh no digas nada –volvió a hacerle callar al acercarse cada vez más.

Echado en la cama, los ojos de Toni se centraron en el generoso canalillo que el amplio escote de la fina bata veraniega dejaba entrever. La sensualidad del femenino sujetador negro de encaje podía apreciarse por la parte de arriba, dejando conocer parte del abundante pecho izquierdo. Era tanta la hermosura de la madura mujer que Antonio no pudo evitar que su sexo respondiera al estímulo de semejante imagen. La tía Paula sintió la mirada de su joven sobrino observándola en silencio. Ambos callaban haciendo que el silencio se prolongara de manera insostenible.

Él la observó con detenimiento y sin decir nada entendió con rapidez lo que ella pretendía. La pierna, doblada sobre la cama, dejaba ver el rollizo muslo enfundado en la media también negra. Antonio escuchó el ruido que produjeron las zapatillas de andar por casa de la mujer al caer al suelo. Ella le miraba expectante pero el muchacho solo se mantenía callado como si quisiera que fuera su tía quien lo sedujera. Al tenerlo tan cerca, se sentía cada vez más excitada y necesitada de él. Era el vivo retrato de su padre, tan atractivo y varonil y ella se encontraba con necesidad de hombre pues ya hacía dos largas semanas del último encuentro con Mario. Cerró los ojos unos breves segundos y al abrirlos sus miradas brillantes se cruzaron. Con el pelo recogido en el moño de todos los días, la madura tía resultaba de lo más morbosa para su joven sobrino. Antonio abandonó el rostro de la mujer para centrar la mirada en el tentador escote. Finalmente fue ella quien dio el siguiente paso.

¡Qué pecho más fuerte tienes! –susurró en voz baja mientras le pasaba con lentitud los dedos por encima.

¡Tía, por favor no sigas! –suplicó aunque en realidad no quería otra cosa.

¿Eso quieres? –preguntó ella haciéndose la ofendida. ¡Por favor Toni, no me desprecies! –fue ahora ella quien le suplicó en un ahogado susurro.

La mirada del joven volvió a clavarse en el canalillo. Ella sabedora del efecto que sus pechos producían en el muchacho, se abrió algo más la bata permitiéndole una mejor imagen. Las carnes prietas y abundantes quedaron ofrecidas ante él. Ahora sí, Antonio se notó revolucionar sintiendo el miembro crecer irremisiblemente bajo el slip. Dicha respuesta no pasó desapercibida para la experta hembra la cual sonrió maliciosamente al observar la más que evidente erección.

Toni, ¿te gustan mis pechos? –interrogó al sopesarlos delicadamente entre sus manos.

Sin decir más, los acarició por encima del sujetador, jugando con ellos y amasándolos con suavidad extrema. Eran realmente enormes y se veían todavía duros y turgentes pese a su edad. El silencio se cortaba con un cuchillo, escuchándose solo algún ruido de la calle además de la respiración acelerada de la madura. Al incorporarse hacia atrás en busca de un mejor acomodo, la bata se le abrió por abajo dejando ahora a la vista parte de la braga. Antonio deseaba ver mucho más, la excitación le corría todo el cuerpo mientras su erección se hacía ya insoportable.

La tía Paula dejándose caer sobre él acercó su rostro hasta el del muchacho para juntar los labios en un beso corto pero que a él le gustó horrores. Notó los labios temblorosos de la mujer lo que demostraba lo cachonda que se encontraba.

¿Te gusto? –le preguntó a solo unos centímetros de su rostro.

Sí… sí claro –contestó él medio balbuceando.

Con los ojos brillándole ardientemente, la mujer volvió a hacerle probar el veneno de su boca pero ahora el beso se hizo más profundo e intenso. Antonio respondió al ataque femenino abriendo la boca y tratando de abrir la de su tía al empujar con la lengua. La lengua vivaracha salió rauda y veloz en busca de su compañera. Ella no se hizo de rogar permitiéndole la entrada hasta quedar ambos apéndices fuertemente enlazados. Se besaron con pasión y descaro. El mal ya estaba hecho, ya no había una posible marcha atrás. Habían caído uno en brazos del otro y el pecado ya estaba cometido. Sin embargo, ello no fue óbice para que rebajaran sus ánimos, más bien todo lo contrario. La mujer estaba lanzada y ya no había quien la parara.

¡Bé… same… bésame cariño… me tienes muy cachonda –declaró de forma entrecortada, dejando ver lo ardiente que estaba.

Entre besos y caricias, la cosa se fue caldeando más y más a cada instante que pasaba. La mano del joven le acariciaba la pierna, moviéndola arriba y abajo mientras la tía Paula, incapaz de estarse quieta, alborotaba con los dedos los cabellos de su guapo sobrino. Ella no paraba de reír, ...


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